La mejor manera de conocer a mi familia es estando con nosotros durante un almuerzo de domingo, todo puede pasar. Ese día están todos los que considero “mi familia” a la mesa.
A pesar de que la mesa es ovalada, es evidente la presencia de la cabecera de mesa, MI MADRE; la “flaca” de mi padre; “mami” de mis hermanos y de mi sobrino; “bei” de mi sobrina y algún balbuceo de mi sobrino nieto. Ella es la última en sentarse, porque le gusta que todo esté rico, bien servido y todos los hambrientos comensales aguantándose para no atacar el plato...una vez que nota las caras de agonía, dice como casualmente: “¡¡pero coman no más!!”. Eso es cuando está de humor. En otras ocasiones, agotada de la vida, se siente abandonada por la familia y se encierra a comer en su pieza, entre lágrimas, cojines y algún programa en la tv que realmente no ve. Existe una tercera opción, cuando por algún mal rato, que a veces sólo ella hace digno de rabieta, se encierra en su pieza dando un portazo tras de si. El ambiente familiar queda supeditado al estado de animo de esta mujer, que durante años ha llevado por voluntad propia la carga de esta casa y que hoy no quiere delegar responsabilidades, aun cuando la vida le demuestra que los años van pasando y que el traje de “querer es poder” ya no le calza como antes.
Al extremo opuesto se encuentra MI PADRE; el “Eduard” de mi madre; “papi” de mis hermanos y mi sobrino; “tata” de mi sobrina y “lalo” para su suegra. No puedo decir que es la otra cabecera de mesa, porque para ser justos con la realidad familiar, él comparte su dominio con los hijos. Esa siempre fue su intención, tener una relación cercana y de respeto con sus hijos, verdadero respeto, no ese que vivió con su padre, el nono Antonio a quien nunca conocí. Mi papá no respetaba a su padre, más bien le temía… temía sus castigos, sus golpes, porque se debía hacer lo que el papá decía y sin cuestionar, eso era inadmisible!! Pobre padre mío, parte de esa experiencia de vida se tatuó en su ser. Solía castigarnos a golpes, la peor parte se la llevó mi sobrino, Fanchi, criaturita que llegó de sorpresa a la familia…posponiendo los planes de mis padres de darme más hermanitos. La pena de mi papá se manifestó en intolerancia a las travesuras del nuevo miembro de la familia, lo que implicaba castigos a golpes. Mi pasado católico marcó la diferencia. En mi primera comunión mi papá prometió no volver a golpearnos…ya van 14 años desde aquel entonces. Fue mi papi quien me ayudó con las tareas en el colegio y me habló de sexualidad, él me enseñó que es mejor hacer el amor que tener sexo. Por él empecé a cuestionar la naturaleza y más tarde la vida. Vivimos una relación de persona a persona, obviamente con las diferencias que se establecen por las responsabilidades que debe mantener un padre con respecto a su hija. Actualmente, suele aparecerse un grito del nono Antonio en su voz, “¡¡obedece porque yo soy el padre!!”, pero ya es tarde, nos crió para quererlo y respetarlo, no para tenerle miedo. En la mesa se convierte en un payaso, a todo le encuentra cómo convertirlo en chiste…FOME, pero chiste. Quien más lo disfruta es mi cuñado, Jano, que llora de tanta risa. También mi mami se ríe, se le nota todo el amor que le tiene. Algunos ya conocemos y recordamos todas sus bromas, pero es inevitable reírse!!.
A un lado de mamá está la menor de mis hermanos, DINKA, la favorita de la matriarca y “kinka mosa” de mi padre. Durante años fue insoportable para los menores de la familia, quienes realmente la conocíamos, pues sabiéndose sobreprotegida por mamá, se convirtió en una diablilla de 2 caras: era la hija ideal para los adultos, tan cooperadora, tierna y servicial, pero cuando ellos se daban la vuelta hacía más de una maldad para luego hacerse la inocente y permitir que culparan a alguien más. Esto me causó grandes encuentros y peleas con mi madre porque, hasta el día de hoy, soy la que más directamente trata de mostrarle la verdad, no solo con respecto a mi hermanita. La recuerdo pequeñita, con pelo corto, llena de rulos y NUNCA con falda, un gizmo humano al que quería pese a todo. Siempre le gustó el fútbol (¿recuerdas las supercampeones, vieja chica?) Ahora que tiene 16 años, algo ha cambiado. Se convirtió en una figurita delgada que pasea por la casa, aparentemente alegre, pero nadie sabe lo que realmente está viviendo o sintiendo en su corazón ni que ideas rondan por su mente. Sin embargo, es cariñosa hasta agotarnos, especialmente con mamá y papá…espero que ella les dé los abrazos y besos que yo ya no puedo darles, no se porqué.
A un lado de papá está mi único hermano, Dalibor; mi “brodero” en alguna época; “Dady” para todos y “topito” de mi padre. Verlo convertido en adolescente no me hace olvidar a mi pequeño hermanito de dientes saltones y sus besos apretados que dejaban las imborrables marcas de sus dientecitos en mi mejilla. Como olvidar su andar de piernas curvadas y piececitos planos, siempre cargando su tuta, rasgándose la cara, pulgar en boca y esas envidiables largas pestañas que rodeaban sus tiernos ojitos. Era la ternura personificada, aun después de los tantos golpes que se daba escalera abajo por caminar dormido en las noches. Hoy es un “skater”, no por moda sino que por pasión, lleva una vida relajada, pero es un gran pensador, tiene una particular forma de ver la vida, ha aprendido a desligarse de lo material y a no hacerse problema por las cosas, quizás suene ideal, pero creo que es su escudo a la realidad que en mi familia se vive desde hace un tiempo….ser cada vez más pobres. El problema no es la falta de dinero, sino el cansancio que mamá tiene por buscarlo; el estrés de papá por ayudar a mi madre a conseguirlo, ya sea trabajando o pidiendo prestado; la falta de comida; a veces no poder ir al colegio; mis hermanos sin colación; no poder compartir vivencias con los amigos como ir a tomar helado, una fiesta o fanfarronear con vanalidades como una polera nueva. Esa es la parte simple, lo más difícil para nosotros, los hijos de este matrimonio, es la idea de que el cansancio supere a nuestra madre y nos la quite de nuestro lado, o que el estrés gatille un nuevo y definitivo infarto en nuestro padre.
Mamá, Papá, Dady y Dinka son mi núcleo familiar y mi carga. No lo digo de mala manera, es como yo lo asumí. Me siento responsable de sacar a mi familia adelante, soy la primera que llega a la universidad (mi papá llegó pero no tuvo la fuerza o interés para seguir hasta
el final y mi mamá estudió secretariado), soy el orgullo académico y esperanza de la familia.
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Creo que en mi casa extrañamos tener una mejor situación económica porque lo tenemos asociado a un pasado alegre. Añoro especialmente los paseos sorpresa de los fines de semana, “a donde los pasos nos lleven” decía mamá. Con papá nos íbamos a “la aventura”, recorriendo caminos difíciles y ocultos, entre ramas, arbustos, telarañas y ríos. Recuerdo los paseos en tren, los gritos a todo pulmón en pleno campo, las picadas de zancudos y nuestras alergias.
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Recuerdo peleas entre hermanos a combos, patadas y mordiscos. Recuerdo casas grandes en donde corríamos por los pasillos o nos tirábamos por la escalera como si fuera un tobogán. Recuerdo las caras de alegría de mis hermanos al abrir los regalos en navidad. Ya no me queda mucho de eso. Las navidades las siento cada vez más como un evento comercial, pero una, la que iba a ser la más triste, se convirtió en la mejor navidad de nuestras vidas. Ese año teníamos claro que no habría regalos para nadie en mi casa, lo pasaríamos solos porque tampoco queríamos disfrazar nuestra navidad con la alegría de otros. Esta era nuestra realidad y queríamos vivirla. Yo tenía pensado escribirles una carta a cada uno, pero la sola petición de mi madre de hacer eso mismo, me hizo sentir que era obligación y no me nació escribir nada. Sin embargo, ella y mi hermano lo hicieron. Mil emociones salieron a flote, pensamientos guardados, admiración y cariño se hicieron palpables, la emoción nos llevó a todos hasta las lágrimas. El punto de mayor profundidad fue el relato de mi padre, la emoción de haber recibido una escopeta de madera, que murió esa misma noche en las manos de su autoritario padre a modo de castigo. Ese recuerdo desarmó a nuestro padre ante nuestros ojos, él nunca derramó una lágrima en nuestra presencia, verlo tan vulnerable lo acercó más a nosotros, fue el cierre de unión de mi familia. Nos abrazamos mientras llorábamos, rencillas tontas se esfumaron en nuestras lágrimas mientras vibrábamos por la emoción de sentirnos parte de este hogar, era pobre pero después de mucho, por fin lo sentíamos nuestro refugio del mundo.
La rutina, el cansancio y el tiempo nos han ido quitando los momentos en que podemos sentarnos tranquilamente a conversar, el punto de encuentro suele ser el comedor o el living, en esas instancias siempre hay risas y bromas, alguna novedad del colegio al que todos algunas vez fuimos, mi gueli tejiendo y tosiendo por ahogarse de tanta risa…nos ha hecho pasar más de un susto con sus ahogos. MI GUELI vive sola hace mucho tiempo, se casó 2 veces, su último marido murió y de ahí que sigue sola, aunque tuvo un noviecillo por ahí, pero nunca me gustó (no se porque), pero algo pasó y ya no siguieron juntos. Mi mamá es hija de su primer matrimonio, yo no conocí a mi abuelo. Mi gueli también tiene como favorito a su hijo menor, tiene 40 años y aún lo trata como si fuera su guaguita!!!.
Hipermega extra borrado!!!!
Hoy no se que pasa, pero no puedo abrazar a mi familia, ni decirles cuanto los quiero, no se si tengo rabia o si me siento dejada de lado. Tuve un largo pololeo que usé como escape a una época de fuertes peleas con mi madre. Me refugié en él y cuando mi pareja me dejó por haberlo ahogado de mi necesidad de él, volví a una casa de cuyas actividades no me sentía parte. Con el tiempo volví a participar, pero con dificultad. Dejé que una depresión tomara mi vida. Salí de ella luego de 2 años, en que comencé a disfrutar las cosas simples de la vida: el viento, la lluvia, ver jugar a los niños, etc. Como un ciclo, hoy me siento distante de mi familia otra vez, sin embargo, es imposible que deje de quererlos, pero creo que el silencio nos hace acumular problemas entre nosotros y que no se hablarán hasta que yo no aguante más y los obligue a todos a enfrentar lo que nos pasa, conversarlo y finalmente volver a disfrutarnos como familia.
Durante gran parte de mi niñez, fui criada por mi nana, la “Lela”, pues mi mamá y mi papá trabajaban durante la semana, en el típico y fastidioso horario de oficina. Asi fue que aprendí a arreglármelas sola para hacer mis tareas, buscar en libros, en la biblioteca, etc. Mi mamá se declaraba nula en los quehaceres escolares, si yo tenía alguna duda debía preguntarle a mi papá. En verdad agradezco esto, porque me dio herramientas para vivir más independiente, para ser más despierta al hacer trámites de cualquier índole, para saber andar por la vida. En otra época de mi familia, mamá y papá estuvieron un tanto ausentes de casa por tratar de mantener a flote un negocio familiar. En ese entonces ya no había dinero para tener una nana. Esta situación me llevo a meterme sola a la cocina, dando mis primeros pasos como dueña de casa a los 12 años. En este mismo periodo, desde que se dio inicio al “negocio familiar” (11 años), me correspondió actuar como LA CAJERA del local. Después de clases tenía que atravesar medio Santiago en micro para ir al negocio. Era la dueña del local desde las 4 de la tarde hasta las 8 de la noche, hora en que era relevada por mamá y papá. A partir de ahí, me quedaba en la parte trasera del negocio para hacer tareas, dejarme atacar por el sueño y dormir hasta la 1 de la mañana siguiente, cuando me despertaban para volvernos a casa. Luego clases a las 8 am…partía todo de nuevo. Mis hermanitos eran muy pequeños, se quedaban jugando en casa, mi hermana mayor estaba ocupada en la universidad. Pienso que esto me afectó, y hoy se manifiesta como una eterna espera por ser reconocida o recompensada por ser adulta cuando me correspondía ser niña. Pero ahora que he crecido un poco, pienso que debo dejar esa actitud, pues simplemente fue algo que me correspondió vivir y yo tenía que ayudar a mi familia, por eso nunca llegó el gracias gigante que yo esperaba. Pero como de todo lo malo es posible sacar algo bueno, rescato que a pesar de la dificultad y el cansancio, ese año saqué el primer lugar en notas de mi curso, ese recuerdo me llena de orgullo…también recuerdo el orgullo de mi madre y quizás algo de compasión en sus ojos. Esa victoria ante la adversidad me hizo sentir que tengo la fuerza para triunfar, el problema es que en la actualidad no logro encontrarla.
El negocio desgastó a mamá, ya nunca fue el torbellino que solía ser…nuestra situación económica tampoco. La muerte de su gran amigo la hizo cuestionarse las cosas como estaban y se sensibilizó ante una petición mía, que la verdad no recuerdo: “mami, cierra el negocio, ya? Los extrañamos”. Ese negocio había sido su gran sueño, pero se convirtió en un pesar. A partir de ese momento mamá se quedaba en la casa, no trabajaba, y empezó a ocurrir algo que yo nunca había visto: mi mamá haciendo tareas. Mis hermanos se sentaban a la mesa del comedor con todos sus cuadernos, mamá los revisaba uno a uno y los guiaba en cómo debían hacer las tareas. Llegó un momento en que tuve que intervenir, mamá les hacía la tarea completa a mis hermanos debido a su afán de perfección y la creencia de que ella hacia mejor las cosas. Traté de hacerle ver el error de lo que hacía, mis hermanos no vivían la especial lata de hacer tareas, recuerdo imperdible de la infancia, y además se hacían cada vez más dependientes de la intervención de ella. No me hicieron caso, pero la vida me dio la razón cuando mamá volvió a trabajar. Mis hermanos todos los días llegaban con comunicaciones por no haber hecho sus tareas o por no llevar algún material solicitado. Pero pasó algo que nunca vi venir. Mi mamá sintió que ella tenía la culpa, que los había abandonado, ni se le ocurrió pensar que si alguna culpa tenía fue la de haberlos hecho dependientes y sobreprotegidos, casi inútiles. Después de mucho insistir de mi parte, mis hermanos reaprendieron a hacer solos las tareas y creo que eso ayudó a que hoy lograran funcionar más independientes, aunque me falta hacer que mi hermano sobreviva al inconsciente machismo de mamá, le falta aprender a cocinar. Hace un tiempo, mi papá se convirtió en dueño de casa, no trabajaba por temor familiar (especialmente de mamá) de sufrir un nuevo infarto, este hombre es altamente estresable. Pero así recayó en él cierta responsabilidad de nana, de atendernos y servirnos el almuerzo cuando llegábamos. Por mi parte, no puedo quejarme de ello, pues era realmente un agrado que al llegar cansada de la universidad, mi cama estaba hecha, había comida rica y calentita. Pero entendía lo difícil que era para papá. El tiene un espíritu buscador de conocimientos, de cultura y sabiduría, pero con poca motivación o iniciativa propia para hacer trabajos del hogar. Mi mamá lo hizo responsable a él si mis hermanos no comían, lo que me parecía absolutamente injusto, pues los niños ya estaban bastantes grandes (más de 15 años de edad) como para saber que si tenían hambre debían calentar y comer lo que papá había preparado. Actualmente, nadie se queda en casa, los hijos nos vamos a estudiar y los padres a trabajar, pero mamá les deja platos preparados en bandejas a mis hermanos, con instrucciones de hasta cuanto tiempo calentarlos en el microondas!!! Si está muy cansada o atrasada, mamá no deja nada de nada listo (ha pasado muy pocas veces) y si papá tampoco puede hacerlo, mis hermanos se las deben arreglar solitos. Es aquí cuando se hace latente mi preocupación por mi hermano, pues he notado que no se prepara el almuerzo, que espera que alguien llame y le de algún tipo de instrucción. Por su propio bienestar espero que aprenda a valerse solo en ese aspecto, pues algún día debe abandonar este nido para volar solo y después de eso recién encontrar una compañera de vida si esa es su opción.
No me queda más que decir que....OS AMO!!! pero me cuesta mucho decírselos, perdonenme por eso.

3 Comments:
At 10:04 p. m.,
Oscar Galdames y Javiera Quenaya said…
Buena... me hiciste llorar nerd!... nunca más leere algo escrito por ti jejeje (mentira)... Eres una mujer luchadora y con mucha fuerza al igual que tu madre, tienes la alegria y ánimo de tu padre... recuerda eso... siempre vas a salir adelante, porque eres una gran mujer con mucha fuerza e inteligente, solo debes creerte un poco más el cuento...
Te quiero mucho
At 11:35 p. m.,
Anónimo said…
Qué buena memoria, y capacidad de relatar todo muy apegado a lo que fue, sin mencionar que me emocioné demasiado..
Gracias por hacerme recordar.
Tu broder.
At 9:45 a. m.,
Anónimo said…
Uhhh que manera de hacerme llorar! ...Maravillosa narrativa que permite mostrar tus sentimientos y conocerte a pesar de tu ostracismo.
De verdad sólo puedo felicitarte por la fluidez de tus escritos, porque ahora puedo entenderte mejor y sentirme más orgullosa de una pequeña niña que presentaba su show diciendo seseñoras y seseñores! para llegar a una hermosa mujer ya casi profesional..., asertiva, clara en sus ideas pero buena de corazón, sensible y llorona como yo!
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